La soledad.

Antes pensaba que estar solo era simplemente no tener a nadie cerca. Pero con el tiempo entendí que la verdadera soledad no se mide por la ausencia de personas, sino por lo que sentimos en el corazón.

A veces nos invade la soledad incluso estando acompañados, y ese vacío puede ser muy fuerte. Lo más difícil es cuando no sabemos cómo canalizarlo: una tristeza se apodera de nosotros y comenzamos a preguntarnos ¿serán las hormonas?, ¿será aburrimiento de la rutina?, ¿necesitaré vacaciones?… Sin embargo, muchas veces no se trata de eso. Es algo más profundo, algo que sentimos que nos falta pero no sabemos identificar. Y aunque intentes salir de la rutina, viajar, leer, distraerte, ese sentimiento sigue allí. Es entonces cuando llega el momento de parar y reflexionar y de buscar ayuda, pero una ayuda real: un psicólogo, un guía espiritual, un buen libro, una persona sabia que no te juzgue y te acompañe de manera objetiva a encontrarte contigo mismo.

La soledad sentimental es muy común en quienes estamos lejos de nuestro país, de nuestros padres, de nuestros amigos. Añoramos las reuniones familiares, las conversaciones cotidianas, el apoyo inmediato cuando algo nos sucedía. Aunque en el presente tengamos nuevas amistades o apoyo de otras personas, nuestra alma no siempre se siente igual. Pero también hay quienes, aun rodeados de familia y amigos, sienten el mismo vacío.

Por eso creo que el verdadero camino está en reconectarnos con nosotros mismos. Preguntarnos: ¿por qué no me siento feliz?, ¿qué puedo cambiar en mi vida?, ¿qué me gustaría realmente hacer?, ¿vale la pena seguir enredándome en lo mismo? Con esfuerzo, y con ayuda si es necesario, podemos aprender a sentirnos acompañados desde adentro, con nuestro propio “yo”.

Yo misma pasé por ese túnel de soledad. Aprendí a reconectarme conmigo y descubrí lo agradecida que estoy de tener a mi esposo, a mis hijos y a mis dos fieles compañeros de cuatro patas. También entendí lo difícil que es sentirse solo cuando eres el pilar de tu hogar y debes ocultar tras una sonrisa el peso de tu propia tristeza.

Por eso quiero decirte: busca soporte. No permitas que la soledad te arrastre hacia la depresión. A veces creemos que es “solo tristeza”, pero puede ir más allá. Reconéctate contigo, busca ayuda sabia, rodéate de personas o recursos que te tiendan la mano sin juzgarte. En mi caso, encontré la mía que me ayudó a comprender que no tenemos el control de lo que ocurre alrededor, pero sí de nuestras acciones y emociones. Y allí está la clave: decidir si ser feliz contigo mismo o vivir esclavo de lo que pasa afuera.

La soledad se combate con amor propio. Cuando aprendemos a amarnos, comprendemos que no necesitamos la presencia constante de alguien para sentirnos acompañados.

✨ Recuerda: la soledad no es un enemigo, es una maestra. Si la escuchas, te mostrará lo mucho que vales y la fuerza que ya habita en ti. No olvides que la compañía más importante es la tuya propia. Cuando aprendes a caminar de la mano contigo mismo, nunca más vuelves a estar solo.

Asi me despido. Abrazos.

Un comentario en “La soledad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *