Una maleta de…

Hola, amiga o amigo. Ante todo, quiero que sepas que no estás solo. Todos y cada uno de nosotros llevamos nuestra propia maleta de vida, llena de experiencias, recuerdos, problemas, preocupaciones, traumas, alegrías, pérdidas y aprendizajes. En ella cargamos todo aquello que hemos ido recogiendo mientras transitamos por la vida.

Tenemos que recordar que somos seres humanos imperfectos, siempre necesitados de amor, paz mental y salud. Nadie, absolutamente nadie, vive en un estado de felicidad permanente. Y lo más increíble es que muchas veces la felicidad se asocia con el estatus pero no tiene nada que ver con el dinero ni con el estatus social. Podemos ser afortunados económicamente y, aun así, sentir tristeza por situaciones difíciles que hemos vivido, por una baja autoestima, por la muerte de un ser querido, por decisiones que tomamos o dejamos de tomar, por heridas que todavía no hemos podido sanar o simplemente por sentir que algo nos falta.

A veces, incluso, tenemos la felicidad justo frente a nosotros y no logramos verla. Nos concentramos tanto en los miedos, en la costumbre, en las inseguridades o en aquello que deseamos y todavía no tenemos, que olvidamos mirar lo que ya está ahí.

Otras veces queremos algo profundamente, pero esperamos que baje del cielo sin atrevernos a dar los pasos necesarios para conseguirlo. Los seres humanos podemos ser muy complicados cuando, en realidad, la vida a veces es mucho menos complicada de lo que pensamos.

Hasta ser nosotros mismos puede convertirse en una tarea difícil; nos criticamos y nos juzgamos tanto que terminamos escondiendo la esencia de quienes realmente somos o de quienes queremos llegar a ser. Nos preocupa demasiado el qué dirán, nos comparamos, permitimos que el materialismo ocupe un lugar demasiado importante en nuestras vidas y confundimos tener más con vivir mejor.

Pero ¿sabes algo?, cuando nos vayamos de este mundo, esa maleta que hemos cargado en nuestra alma y en nuestra mente será parte de nuestra historia. Todo lo demás se quedará aquí, las cosas materiales, las propiedades, el dinero, todo aquello que acumulamos y por lo que tantas veces sacrificamos el estar allí con los nuestros, sacrificamos hacer memorias hermosas para con nuestros hijos, pareja o seres queridos. Es importante darnos cuenta que una vez que ya no estemos, tampoco podremos controlar qué sucederá con todo aquello que dejamos atrás.

Por eso quiero que reflexionemos. Busquemos la felicidad, pero no como un destino perfecto al que algún día llegaremos, sino en esos pequeños momentos que muchas veces dejamos pasar; intentemos querernos un poco más; amemos a los nuestros mientras podemos hacerlo; aprendamos a disfrutar algo tan sencillo como sentarnos al lado de alguien que amamos, sin necesidad de hacer nada extraordinario, simplemente sintiéndonos acompañados y queridos.

Alegrémonos genuinamente por la felicidad de los demás, dejemos de envidiar vidas que solamente conocemos desde afuera, porque esa persona que miramos también siente, también sufre, también tiene miedos, pérdidas y preocupaciones, porque también lleva, igual que tú y que yo, su propia maleta.

Soltemos un poco ese ego que tantas veces nos impide reconocer la felicidad que ya existe en nuestra vida.

Quizás nunca tendremos una vida perfecta, quizás la felicidad absoluta ni siquiera exista. Pero sí podemos aprender a reconocer los momentos en los que somos felices mientras están sucediendo, porque muchas veces pasamos la vida buscando algo extraordinario y olvidamos que lo verdaderamente extraordinario estaba en esas pequeñas cosas que creíamos comunes.

Este es un tema tan amplio, profundo y real que esta reflexión terminó siendo más larga de lo que pensaba. Pero quizá necesitaba serlo, sencillamente, porque, de vez en cuando, es importante detenernos, mirar nuestra propia maleta y preguntarnos:

¿Qué vale realmente la pena seguir cargando y qué podemos dejar ir?

Me despido, un abrazo desde mi para ti.

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