El Arte de la Amistad.

Me considero muy afortunada. Aunque soy una persona difícil y no tengo muchos amigos —los puedo contar con los dedos de una mano—, los que están en mi vida son verdaderos tesoros. Están allí para apoyarme y animarme en los momentos más duros, se alegran de mis alegrías como si fueran propias y, cuando es necesario, defienden con fuerza como si se tratara de ellos mismos.

Llamo a la amistad un arte porque es un sentimiento tan bello que no necesita de cuidados diarios como una relación amorosa, que hay que regar constantemente para que florezca. La verdadera amistad va más allá del tiempo y la distancia: aunque no te veas con esa persona, aunque no hablen seguido o solo se comuniquen una vez al año, al reencontrarse la relación sigue intacta, como si nunca hubiese habido una separación.

Es ese nivel de confianza y seguridad que te dice que nunca habrá traición, que nada de lo que confíes saldrá de su boca. Esa certeza de que puedes ser tú mismo, sin miedo ni máscaras.

La amistad genuina no necesita condiciones: resiste la distancia, las diferencias de personalidad, los caminos distintos de la vida. Permanece siempre, firme y sincera.

En resumen, qué maravilla es tener amigos de verdad. A mis amigos les envío las gracias, un abrazo enorme, y el recordatorio de que aquí estoy, en las buenas y en las malas.

Abrazos,

Desde mi para ti.

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