Esperar

La palabra esperar parece inocente, pero no lo es.Esperar algo. Esperar a alguien. Esperar que las cosas cambien.

El problema no es la espera en sí. El problema es la expectativa que colocamos dentro de ella. Cuando esperamos con una idea fija de cómo “debería” suceder algo, y la realidad no coincide, la espera empieza a doler. Se convierte en ruido, en frustración, en tristeza.

Esperamos que nos quieran como nosotros queremos. Esperamos que actúen como actuaríamos. Esperamos que valoren lo que para nosotros es sagrado, y allí nace la herida.

Cada persona carga su propia maleta: miedos, carencias, sueños, heridas no resueltas, desde ese peso actúan, desde allí aman, desde allí fallan. No desde tu medida, sino desde la suya.

Por eso hoy quiero decirte algo distinto: no esperes nada a cambio. No esperes que te entiendan si no han vivido lo que tú has vivido. No esperes reciprocidad exacta. No esperes que el mundo responda a tu forma de ser.

Eso no significa volverte fría ni indiferente. Significa liberarte. Cuando dejas de esperar, dejas de exigirle a la vida que encaje en tu guion. Empiezas a agradecer lo que sí está, un día más, una oportunidad más, una conversación, un aprendizaje. Incluso una decepción que te mostró algo que necesitabas ver.

No te victimices, no culpes, sigue caminando. Sigue el camino que tus decisiones han ido trazando. Actúa como quieres ser recordada cuando ya no estés. Haz lo correcto porque nace de ti, no porque esperas una recompensa.

Deja de esperar… y empieza a vivir. Porque cuando sueltas la expectativa, descubres algo poderoso: todo llega cuando ya no lo necesitas para estar en paz.

Un abrazo,

Desde mi para ti.

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