La despedida a distancia

Cuando estamos lejos de los nuestros —familia, amigos— y recibimos una noticia inesperadamente mala, entramos en un estado de shock. Decimos que no puede ser verdad. Nos negamos a creerlo, a procesarlo. Preferimos pensar que somos inmortales, que nada malo nos va a pasar.

Nos quedamos suspendidos en un recuerdo eterno, creyendo que el tiempo no ha pasado desde aquella última vez que vimos a ese ser querido en persona. Pero la realidad es otra: el tiempo vuela y, sin darnos cuenta, se nos termina el tiempo en la Tierra.

La despedida a distancia duele distinto. No hay abrazos, no hay miradas, no hay un último adiós tangible. Solo queda el vacío, la incredulidad y la sensación de que todo ocurrió demasiado rápido.

Hoy, a esa persona que voló alto, a ti te digo: sigue tranquil@, todo estará bien. Los que quedamos sin ti sí te vamos a extrañar, y te recordaremos siempre con amor y nostalgia. Pero amig@, sigue volando… nos volveremos a encontrar.Tu hij@ o tus hij@s estarán bien. Dios siempre estará allí, así que no te preocupes. Aquí hay amor sosteniéndolos, incluso en la ausencia.

De mi parte, cuando regrese, tocaré la puerta por la que ya no volverás a pasar. Estaré allí para recordarte y para recordarles a los tuyos que no están solos, que cuentan con alguien aquí, en la Tierra.

Te queremos.

Vuela alto y transfórmate en algo bello

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *