Agradecer es mucho más que una palabra bonita. Es una forma de mirar la vida con humildad: reconocer lo que tenemos, lo que perdimos y lo que otros hacen por nosotros sin obligación.
Es aceptar que la vida cambia, que a veces estamos arriba y otras abajo, y que en esos momentos bajos toca ajustarnos, respirar y seguir, sin castigarnos por lo que ya no somos.
También es honrar a quienes nos ayudan, porque cuando alguien te tiende la mano sin pedir nada, eso es un regalo y abusar de esa bondad, exigir más de lo que pueden dar, o quejarse del sacrificio ajeno… es olvidar el valor de la gratitud.
Lo vemos en muchas familias: quienes emigraron trabajan sin descanso para sostener a los que quedaron. Y aun así, algunos esperan, exigen, reclaman, sin reconocer el peso que carga el que está afuera. Eso no es necesidad: es ingratitud.
Agradecer es entender que cada adulto es responsable de su propio camino.
Que culpar al otro no nos libera.
Que vivir esperando que alguien más nos resuelva la vida solo nos aleja de crecer.
La gratitud suaviza el corazón, nos devuelve perspectiva, nos recuerda que nadie está obligado a sostenernos…y que lo que recibimos con amor es un tesoro que merece ser honrado.
Asi que recuerden ser responsables de su propia vida, aceptar, asumir, solucionar como y hasta donde se puede y agradecer no solo a Dios, sino a esas personas que estan para tí, sin pretender nada de ti. Valora.
Asi los dejo, abrazos.