Entre vidas, el aqui y el alla.

Dicen que el alma parte, que se aleja del cuerpo como brisa que vuelve al mar. Pero yo siento que no se va del todo, que deja hilos invisibles, como raíces de luz que aún quieren abrazar la tierra. Hay quienes llaman a eso fantasmas, yo prefiero decir presencias. Energías que no terminan de soltar que aman tanto que se quedan un poco más, que no saben todavía cómo decir adiós. Y mientras una parte de nosotros reencarnan, otras se quedan mirando desde el umbral, cerrando capítulos, sanando heridas, susurrando a quienes amaron: “sigue, yo también sigo, solo en otro tiempo.” Porque el alma no viaja en línea recta, se mueve en espirales de aprendizaje, donde todo se repite hasta comprender el amor. Y en cada vuelta, en cada nueva vida, nos encontramos de nuevo —en otros rostros, en otros nombres—para terminar lo que una vez quedó inconcluso.

No hay contradicción entre renacer y permanecer, solo distintas formas de existir. A veces somos cuerpo, a veces somos viento, a veces memoria, y en otras somos simple presencia que acompaña.

La vida y la muerte no son puertas opuestas, sino la misma entrada vista desde lados distintos. Y tal vez, cuando aprendamos a mirar sin miedo, entenderemos que nunca nadie se va del todo. Solo cambia de forma, de historia, de cielo.

Un abrazo,

Desde mi para ti

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