Hoy quizás es uno de esos días en los que sientes que todo te ha salido mal.
Se te quemó la comida, discutiste en el trabajo o con tu pareja, se te está cayendo el pelo, engordas con solo respirar… o al contrario, adelgazas tanto que pareces un palito.
Tal vez te caíste, se te quedó el carro sin gasolina, perdiste a un ser querido o tu mascota se escapó. En fin, uno de esos días en los que nada parece tener sentido.
Entonces quieres llorar, gritar, no atender llamadas, y mucho menos contarle nada a nadie. Solo quieres estar sola, sin escuchar consejos ni sentirte juzgada.
Y te entiendo perfectamente, porque muchas veces yo también he vivido esos días donde todo sale mal.
Pero respira, date tu tiempo para procesar, sentir y soltar. Luego, poco a poco, mira lo bueno que también hay en tu vida, no te quedes solo en este día.
La vida no es justa, creo que para nadie. Cada uno carga su propia historia, sus pruebas y sus batallas. A veces caemos en compararnos:
“¿Por qué a mí… y a él o ella todo le sale bien?” Pero esa persona con la que te comparas, también se compara con otra, y así sigue la cadena.
¿Sabes qué pasa?
Si la comparación fuera constructiva, estaría bien, porque te motivaría a mejorar y a crecer. Pero si te quedas atrapada en la comparación que nace de la envidia o la frustración, y no haces nada por mejorar tu vida, entonces, lamentablemente, perdiste el juego de la vida.
No es fácil, claro que no.
Pero tampoco es imposible.
Intentemos, aunque sea un poquito, desenroscarnos de lo negativo, pasar la página y buscar razones para ser felices y agradecidos cada día.