El rencor, odio y venganza

Hasta dónde puede llegar el corazón humano cuando se llena de rencor, odio o deseos de venganza. ¿Cuánto espacio ocupa dentro de nosotros esa intención de hacer daño? Lo contradictorio es que muchas veces, quienes albergan esos sentimientos, al mismo tiempo se arrodillan ante un Dios misericordioso. Rezando por la muerte de otro, pidiendo castigos, clamando justicia desde el dolor. Eso, aunque duela reconocerlo, es hipocresía.

Entiendo que es difícil lidiar con situaciones que escapan de nuestro control, que nos llenan de ira, impotencia y tristeza. Pero si vamos a actuar con odio, lo primero sería dejar de pedirle a un Dios bueno que respalde esa intención obscura. Porque el verdadero camino de la fe no puede ir de la mano con la venganza.

Yo creo en el perdón y en la empatía, aunque sé que no siempre es fácil practicarlas. Tal vez el primer paso es ponerse en los zapatos del otro. Sí, ciertamente, hay casos terribles, donde cuesta incluso imaginar algún grado de compasión. Pero en esos momentos debemos rezar no para que el otro sufra, sino para que nuestro propio corazón encuentre paz, y confiar en que la justicia —divina o terrenal— llegará en su tiempo.

Nadie nace malvado. Todos llegamos al mundo siendo bebés inocentes. Lo que cambia es el entorno: algunos reciben amor y cuidado, otros en cambio crecen en la violencia, en la carencia, en un mundo que enferma su mente y corazón hasta el punto de perder la noción del bien.

Este mensaje no busca debatir religiones ni credos. Es una invitación a reflexionar: si dices creer en Dios, si profesas una fe, no es coherente pedir desde tu oración la destrucción del otro. Más lógico sería pedir que esa persona encuentre la luz, que su corazón se transforme, y que deje de causar daño.

Sé que no es sencillo, sobre todo cuando eres tú la víctima. Pero la vida da vueltas, y lo que hoy nos duele, mañana puede regresar de otra forma, a esto se le llama karma, éste es como un bumerán donde hoy puedes ser victima pero en otro momento eres tu quien hizo el daño ( con o sin intención). Por eso, creo que lo más sabio es pedir al universo, a Dios o a quien guíe tu fe, no por venganza ni muerte, sino por paz y amor. Que cada niño que nazca crezca rodeado de valores y principios, porque solo así el mundo podrá dejar de estar tan cargado de odio.

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