Ser tu.

Alguna vez has sentido que no encajas? Quizás, desde pequeño, soñaste con ser diferente: más extrovertido, más bonito, más alto, con ese “cuerpo perfecto” que la sociedad o la televisión venden como ideal. Y, para pertenecer, quizá empezaste a copiar actitudes, a imitar maneras de ser, porque notaste que así las personas te aceptaban.

El problema es que, con el tiempo, cuando eres realmente tú, no todos se quedan. Puede que te haya pasado que creíste tener una amistad verdadera, que alguien te decía que eras como un hermano o hermana, y de pronto ya no estaba allí. Entonces empiezas a preguntarte: “¿qué hice mal? ¿por qué se alejó si yo solo fui yo? ”Y la respuesta es simple y dura: no todos están preparados para tu esencia.

Tal vez seas, como yo, alguien honesto, directo, protector, alguien que no es gris, sino blanco o negro. Alguien que ama la soledad, la naturaleza, el silencio. Alguien que, si le piden una opinión, la da sin disfrazarla. La verdad es que no a todos les gusta alguien tan claro como el agua. Y duele, porque crees que tu sinceridad, tu cariño, tu entrega, serán suficientes para que se queden. Pero no siempre es así.

Con el tiempo, aprendes que no pasa nada si las personas se van. Descubres que no importa lo que opinen de ti, porque siempre habrá alguien que critique. Lo importante es que te respetes, que te admires por lo que eres. Y cuando lo haces, descubres que quienes se quedan son los que realmente valen, los que sí te aceptan sin querer cambiarte.

Quizás también te ha pasado que esperas demasiado de los demás, porque das todo y crees que harán lo mismo por ti. Y cuando no lo hacen, duele. Yo aún trabajo en eso. Aprendo a no esperar, a no anticipar, a dejar que las personas sean como son, aunque no hagan lo que yo haría. Y es allí donde está la clave: en dejar de vivir para encajar y comenzar a vivir siendo tú. Porque cuando eres tú, conoces quién te quiere de verdad. Y quien te quiere, te acepta con tus luces y tus sombras, con tus virtudes y tus defectos.

También aprenderás a callar. A no dar consejos a menos que te los pidan. A dejar que los demás vivan sus experiencias, aunque duela verlos caer. Te darás cuenta de que no todo es tu responsabilidad. Que no eres el salvador de nadie. Y eso, aunque al principio cuesta, es liberador.

Así que, querido lector, sé tú. No cambies tu esencia para agradar. No dejes que otros decidan quién deberías ser. Muéstrate tal cual eres, ríe como quieras, piensa como quieras, cree en lo que quieras. Porque la verdadera magia ocurre cuando ya no necesitas encajar, cuando simplemente eres.

Quien te quiera, se quedará. Quien no, se irá. Y eso está bien. Lo importante es que nunca dejes de ser tú.

un gran abrazo…

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