El amor verdadero: Mas allá de las mariposas.

Cuando pensamos en el amor, casi siempre lo primero que se nos viene a la mente es esa etapa efervescente de las “mariposas en el estómago”, donde todo se ve maravilloso y color de rosa. Ese amor que parece sacado de un drama coreano, y que nos hace pensar que eso es la verdad absoluta. Entonces, inevitablemente, comparamos nuestra realidad con esa ilusión, y llegamos a convencernos de que, si ya no sentimos lo mismo, nuestra relación no va bien.

Pero ¿sabes qué? Ese no es el verdadero amor. Es cierto que, al comienzo, cuando conocemos a alguien que nos atrae, el corazón se acelera, las hormonas se disparan y todo parece una perfecta sincronización. Sin embargo, con el paso de los años, esa química inicial cambia. ¿Crees que todo seguirá siendo como la primera vez? Tal vez para un 0,1 % de la población sí, pero la gran mayoría sabemos que el amor evoluciona. Y eso no es malo. Las mariposas son normales y hermosas, pero no lo son todo. Para que una relación crezca, hacen falta otros pilares: sentirte escuchada o escuchado, compartir una visión de vida, reír juntos, poder enfadarse sin que la discusión dure más que unas horas, darse un beso antes de dormir, tener intereses comunes, aceptar las virtudes y defectos del otro con paciencia, cultivar la comunicación franca, el respeto mutuo y las conversaciones profundas. Porque elegir una pareja no es solo quedarse en la atracción inicial. El verdadero amor se construye cuando se envejece juntos con cariño, cuidándose mutuamente, compartiendo un café por la mañana con calma y confianza, sabiendo que esa persona estará a tu lado en las buenas y en las malas. El verdadero amor está en las miradas cómplices, en las caricias, en un “te amo” sincero que se renueva cada día.

El amor de pareja es transformar la química en sinergia: una energía poderosa que nace de dos personas que deciden amarse, respetarse y luchar juntas por mantener viva esa chispa, aunque la convivencia traiga retos y pruebas constantes.

Yo, personalmente, llevo más de 30 años con mi compañero de vida, y doy gracias a Dios por ello. Hemos pasado por lo que yo llamo una montaña rusa de emociones, pero hemos aprendido a regar cada día nuestra plantita de amor, a solucionar, perdonar y seguir adelante, siempre como un equipo blindado de respeto y cariño.

Por eso, si sientes que tu vida en pareja peligra, que ya no amas o que todo se ha vuelto gris, hazte preguntas sinceras:

¿Qué fue lo que me atrajo de esa persona al inicio? ¿Qué ha cambiado desde entonces? ¿Vale la pena seguir juntos? ¿Realmente estábamos enamorados o solo ilusionados? ¿Qué responsabilidad tengo yo en lo que ocurre, y no solo la otra persona? ¿Aún existe respeto, verdad y comunicación?

La vida es corta, y cada uno debe decidir lo que lo hace sentir mejor. Pero algo sí creo firmemente: el amor de pareja no es igual al del inicio. El amor madura. Y cuando aprendemos a aceptarlo y a nutrirlo día a día, se convierte en un lazo mucho más fuerte que aquellas mariposas pasajeras.

Un abrazo, desde mi para ti.

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