En alguna conversación surgió el tema de por qué hay personas que deciden no tener hijos y prefieren, en cambio, compartir su vida con animales. Recuerdo que muchas de las opiniones que escuché en ese momento fueron negativas hacia quienes habían tomado esa decisión. Hoy quiero compartir la mía.
Yo, que me siento bendecida por ser madre y tener hijos maravillosos, también apoyo a quienes deciden no serlo. Y lo hago porque, cuando escuchas sus razones, entiendes que la mayoría hablan desde la responsabilidad. Algunos no quieren traer un niño a un mundo tan difícil, otros saben que sus prioridades son distintas y no podrían dedicarles el tiempo que merecen.
Hay quienes no pudieron ser padres y cada uno lleva ese duelo de manera diferente. Pero en todos los casos, la raíz es la misma: la responsabilidad.
¿De qué sirve tener hijos solo porque la sociedad lo dicta, o porque fue un error del momento? ¿De qué sirve traerlos para luego abandonarlos, regalarlos, o dejarlos únicamente al cuidado de abuelos, tías o guarderías durante sus primeros años —los más importantes para su desarrollo—, viendo a sus padres apenas un par de horas al día? Muchas veces, quienes critican a los que no quieren hijos, son los mismos que luego no cumplen con el compromiso real de ser padres: brindar amor, presencia, guía y un hogar seguro. Por eso felicito a aquellas parejas que, teniendo la posibilidad, eligen no serlo, porque esa decisión demuestra un alto nivel de consciencia y responsabilidad. Incluso, muchas veces nace del temor de repetir traumas de su propia infancia.
Al final, cada pareja debe decidir sus prioridades y metas de vida antes incluso de casarse o convivir. Esa claridad trae paz mental. No es necesario traer hijos al mundo si no se está dispuesto a enseñar, guiar y amar en medio de un entorno que puede ser tan hostil.Por supuesto, también hay quienes sí desean profundamente formar familia y, aun así, no lo logran por circunstancias ajenas a su voluntad. Eso también es válido, y merece respeto y empatía.
Es peligroso emitir juicios sin conocer la historia completa. Tener un hijo no es como comprar un par de zapatos que, al desgastarse, simplemente se reemplazan. Ser padres es un compromiso de amor incondicional que requiere entrega. Y sí, también existen casos dolorosos de madres que abandonan o dañan a sus hijos, muchas veces porque están atrapadas en adicciones, enfermedades mentales o traumas que no les permiten pensar con claridad. No se trata de justificar, pero sí de entender que la raíz está en el dolor, no en la maldad pura.
Este es un tema muy extenso, y yo no soy psicóloga ni mucho menos; pero sí sé algo: no debo juzgar las decisiones de los demás. Cada persona vive su historia y sabe lo que puede o no puede asumir.
Un abrazo para todos, a los padres y madres: hagamos siempre lo mejor que podamos. Y a quienes decidieron no tener hijos: mi respeto y felicitación por su responsabilidad y honestidad con ustedes mismos.