De los que se fueron, de los que se quedaron.

Querida yo,

Hoy quiero hablarte de un tema que pesa en muchos corazones: la diferencia entre los que se quedaron y los que estamos afuera. Un tema controvertido, con muchas opiniones y experiencias distintas. Pero, al final, hay algo que todos compartimos: salir de la zona de confort. Para los que emigramos, esto significó alejarnos de nuestros seres queridos, aprender otra lengua, adaptarnos a nuevas culturas, comenzar desde cero y aprender a estar solos.

Y a los que se quedaron, quiero decirles algo desde el corazón: sé que la situación del país es dura, sé que también extrañan a quienes partimos. Pero muchos, aún dentro de la dificultad, siguen en su zona de confort. A veces escucho “no consigo trabajo”, cuando lo que realmente ocurre es que no se atreven a buscar otras alternativas, incluso si significan trabajar en algo distinto a lo que hacían antes. El ego no lo permite. Ese mismo ego que sí acepta la ayuda que llega de afuera, sin imaginar que ese hermano, hijo o amigo que hoy envía dinero, quizás fue ingeniero y ahora limpia pocetas, o trabaja en oficios que nunca pensó, pero lo hace con valentía y amor.

Entonces me pregunto, ¿es eso justo?No podemos seguir viviendo del recuerdo de hace veinte años, cuando alcanzaba para pintar la casa en diciembre o estrenar ropa en año nuevo.

Hoy la realidad es otra: dentro o fuera del país, si no trabajas, si no emprendes, si no te mueves, simplemente no puedes sostener a tu familia. Y tampoco es justo dejar toda la carga económica sobre el que se fue, como si su único deber fuera sostener a los demás, aun cuando lo que también necesita es comprensión y apoyo emocional.

A los que se fueron les digo: no carguen con la culpa. Ustedes tomaron la decisión de partir por necesidad, y quienes se quedaron también eligieron quedarse. Ambas decisiones deben asumirse con responsabilidad y amor. No se trata de competir ni de reprochar, sino de que cada lado dé lo mejor de sí.

Amiga mía, amigo mío que me lees, tal vez sientas que estas palabras no van contigo, pero sé que muchos se identifican. A los que emigraron: un fuerte abrazo, quiten de su corazón la palabra culpa. Y a los que se quedaron y luchan con todo lo que pueden: los bendigo y los aplaudo de pie.

Demos gracias por el ahora, vivamos el presente y recordemos que cada decisión trae consigo un camino. Lo importante es recorrerlo con valentía y dignidad.

Un abrazo extensivo,

Desde mí para ti

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