Creo que esta palabra expectativa es una de las que más nos hacen caer en el abismo de la realidad. Muchas veces —o casi siempre— esperamos recibir el mismo cariño, la misma prioridad, la misma entrega y hermandad que nosotros solemos dar.
Decimos: “Yo te amo y daría la vida por ti. Si te sucede algo, yo te cuido hasta el infinito. Te amo más que a mi propia vida”. Y sí, existen personas que realmente lo sienten y lo hacen, pero son pocas… tal vez un 5%. El resto lo dice con palabras, pero cuando llega el momento de demostrarlo, es ahí cuando la realidad nos golpea fuerte. Es cuando te preguntas: “¿Esto es lo que realmente valgo para esa persona o incluso para mi familia?”.
La decepción abraza el alma y uno intenta justificar lo injustificable. Sin embargo, con el tiempo aprendes a desapegarte, porque parece más fácil evadir el contacto humano que volver a caer en esa herida de la decepción.
Con el tiempo entiendes que lo más valioso no es hablar todos los días ni compartirlo todo, sino estar ahí cuando más se necesita. Esa presencia silenciosa y sincera es la que marca la diferencia, la que muestra el verdadero amor.
Pero mientras tanto, una coraza de emociones se va formando. Coraza que nos protege de caer en ese golpe abismal de esperar demasiado. Porque sí, duele sentirse solo; duele que te busquen solo cuando hay un interés de por medio. Por eso muchas veces elegimos alejarnos, no por rencor ni porque los demás sean malas personas, sino porque comprendemos que cada uno tiene prioridades distintas en su corazón.
La verdad es que somos nosotros quienes creamos esas expectativas, quienes pintamos mundos de colores que muchas veces no existen. La realidad es otra, y aceptarla nos permite soltar y dejar de sufrir. No se trata de juzgar a nadie, sino de entender que cada persona ama y actúa de forma diferente.
Al final, la palabra Expectativas es tan profunda como el vacío que deja la realidad al no cumplirse. Quizás la clave está en bajar de esa nube y aprender a amar sin esperar, entendiendo que cada corazón tiene su manera de priorizar, de querer y de estar.
Me despido con la esperanza de que algún día me encuentre con alguien que forme parte de ese pequeño 5%: aquellos que hacen por ti lo que esperan que hagas por ellos.
Desde mí, para ti.