Somos equipo.?

Siempre nos dicen que el matrimonio es la unión de dos personas que se aman, que quieren formar una familia, que comparten sueños, valores, metas. Nos repiten que cuando te casas, no solo lo haces con tu pareja, sino también con su familia, con su historia, con su cultura. Que el amor, el respeto y la comunicación son la base de todo. Y sí, todo eso es cierto… pero hay algo que muchas veces no nos dicen.

No nos cuentan lo difícil que puede ser mantener la armonía cuando la vida real empieza a tocar la puerta. Cuando el cansancio se acumula, cuando los niños no duermen o se enferman, cuando el trabajo absorbe la energía que antes dedicabas a reír con tu pareja, cuando hay problemas económicos, decisiones que no se logran tomar juntos, familiares que se entrometen, o simplemente silencios que duelen más que una discusión.

Ahí es cuando te das cuenta de que el amor no es suficiente si no hay voluntad. Que el respeto no se mantiene si no se cuida. Que la comunicación no fluye si no se busca. Que el matrimonio, más que una historia romántica, es un verdadero trabajo en equipo. Y a veces ese equipo se tambalea.

Pero también aprendes que es en esos momentos donde se decide si el equipo se fortalece o se rompe. Si el «nosotros» puede seguir caminando, aunque con pasos torpes, pero unidos. Porque al final, no se trata solo de amar, sino de elegir. Elegirse en lo bonito, pero también en lo cansado, en lo confuso, en lo difícil, entender que no siempre será perfecto.

PERO si ambos están dispuestos a ser equipo, incluso cuando todo parezca en contra… entonces hay esperanza.

Un abrazo, de mí para ti.

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