Desde mí, para ti, que alguna vez te has preguntado: «¿Por qué me siento tan culpable si solo quiero protegerme? «Hay un dolor del que pocas mujeres hablamos con libertad: cuando la relación con tu madre es una herida abierta. Una herida silenciosa, que no sangra a simple vista, pero que te marca en lo más profundo. Un dolor que te confunde, porque te enseñaron que una madre es amor, pero el amor que recibes de ella… te lastima. No se trata de odio, ni de desprecio. Se trata de un amor herido, contradictorio, lleno de culpa y preguntas sin respuesta. ¿Cómo hago para no sentirme culpable por necesitar distancia? ¿Cómo me libero del resentimiento cuando no valida mi dolor? ¿Cómo sigo amándome cuando siento que ella no me ama como necesito?Estas preguntas me las hice una y mil veces, y hoy quiero compartir mi reflexión, no como una verdad absoluta, sino como una voz que tal vez resuene en ti, como resonó en mí. «¿Será que mi madre está enferma?»A veces, cuando una madre constantemente se victimiza, compite por quién sufre más o invalida el dolor de su hija, una se pregunta si eso será una enfermedad mental. Pero no siempre lo es.Muchas veces, no se trata de locura, sino de heridas no sanadas. Madres que crecieron en entornos donde ser fuertes significaba callar el dolor. Madres que aprendieron que para ser vistas, debían sufrir más que las demás. Madres que nunca fueron abrazadas emocionalmente y, por eso, no saben cómo abrazar a otros sin clavarles los codos.No todas son narcisistas ni crueles. Algunas simplemente están rotas. Pero que estén rotas no significa que tengamos que rompernos nosotras también. «¿Y por qué me siento tan culpable? «Porque nos enseñaron que “una madre siempre quiere lo mejor para ti”. Nos dijeron que «honrarla» era sinónimo de aguantar, ceder, callar, complacer. Y cuando una necesita alejarse o poner límites para protegerse, la culpa aparece como un monstruo que te grita: “Eres mala hija”.
Pero hoy entendí algo:👉 No soy mala hija por protegerme. Soy una mujer que aprendió a elegir su paz. No puedo seguir dándole lo que no tengo, ni esperando recibir lo que nunca llegó. Y aunque me duela, empiezo a soltar la necesidad de que ella cambie… y empiezo a cambiar yo.
A ti, que lees esto y te reconoces en cada palabra: No estás sola. No estás loca. No estás siendo ingrata. Estás siendo valiente, valiente por atreverte a mirar una verdad incómoda, valiente por nombrar el dolor que muchas callan, valiente por elegirte a ti, aunque te tiemble el alma. Y sí, es posible amar a una madre y poner distancia al mismo tiempo; sí, es válido sentir rabia y tristeza y también amor; sí, puedes romper con el ciclo sin romperte tú y si hoy sientes que tu corazón está envenenado de culpa o resentimiento, respira. Estás despertando. Estás sanando. Y no tienes que hacerlo sola. Te abrazo. Te creo. Te acompaño.Con todo mi amor,Desde mí, para ti.