Querida yo,
Recuerda que el vacío que a veces sientes no se llena siendo la hija, madre, compañera o amiga perfecta. No se colma intentando ser la que siempre puede con todo, el pilar de todos, la que lleva una sonrisa a cuestas y palabras de aliento para los demás. Ese vacío no se llena con perfección ni con expectativas externas.
Para realmente habitarte, necesitas vivir el presente, paso a paso, entendiendo que no es tu responsabilidad resolver los problemas de los demás, ni siquiera los de tus seres más queridos. Está bien sentirte triste, enojada, frustrada o cansada. No todo en la vida es alegría, y no tienes por qué fingir que lo es.
La presión social —de los medios, de la cultura, incluso de nuestra crianza— nos grita que debemos ser «superwomen». Pero ¿sabes qué? No. No tenemos que serlo. Tenemos derecho a ser imperfectas, a equivocarnos, a llorar, a sentirnos vulnerables, porque somos seres humanos. Nada más. Y nada menos.
No te compares. No pienses: “Si ella puede, ¿por qué yo no?”. Las comparaciones con vidas ajenas, muchas veces editadas y maquilladas, solo nos hunden más en el autoengaño y la culpa. Nos hacen creer que no valemos si no cumplimos con un ideal de mujer que ni siquiera es real.
Hoy quiero invitarte a ser tú. A ser auténtica. A darte el permiso de soltar, de buscar tu paz interior, de saber que ya eres perfecta solo por existir. No estás aquí para encajar en moldes ni para cumplir patrones ajenos. Estás aquí para vivir tu vida, a tu ritmo.
Ámate primero. Sin culpa. Haz lo que puedas, desde el amor, sin exigencias ni sobrecargas. Y recuerda algo esencial: cada persona elige su camino. Tú no puedes —ni debes— cargar con los destinos de otros. Incluso si tú estás bien y alguien a quien amas no lo está, no te sientas culpable. Cada quien tiene su propio aprendizaje, su propia evolución, y cada historia tiene su porqué, aunque no lo entendamos aún.
Libérate. Eres independiente, única, completa. Tienes derecho a sentir, a elegir, a equivocarte, a descansar, a comenzar de nuevo.
Te abrazo fuerte.
No somos superhéroes.
Somos humanas. Y eso es más que suficiente.