Querida yo,
Uff… aquí estoy, reflexionando sobre cómo cada persona vive y actúa de manera distinta, aunque las experiencias que atravesamos sean parecidas. Hay quienes, ante heridas similares, toman caminos completamente opuestos. Algunos repiten patrones, otros deciden romperlos. Y otros tantos se ven marcados por el trauma de tal forma, que el perfeccionismo y la autocrítica terminan dirigiendo sus vidas, impidiéndoles disfrutar el presente y sentirse libres.
Me impresiona cómo, como seres humanos, muchas veces nos olvidamos de saborear nuestra propia existencia. Nos quedamos atrapados entre lo que ya pasó y lo que aún no ha ocurrido, en lugar de agradecer el simple hecho de estar aquí, ahora, respirando.
Y en lugar de tratarnos con compasión, nos castigamos. En vez de reconocernos como imagen y semejanza del Creador, como seres de luz que vinimos a aprender, crecer y evolucionar… nos saboteamos.
Hoy me lo repito: basta de autoengaños y castigos.
Ámate. Porque solo amándote podrás amar a los demás con verdad.