Hoy es uno de esos días en los que te dices: «Merezco ser feliz. Merezco sentirme acompañada, incluso sin nadie a mi lado. Merezco estar viva, amar y apreciar cada pequeño regalo que Dios, el universo —o como prefieras llamarlo— me ofrece a diario, empezando por el simple acto de respirar.»
Amiga mía, amigo mío… no solo mereces cosas hermosas —porque sí, están hechas para ti—, también necesitas atreverte a creerlo. Cree que mereces lo bueno, que mereces despertar sin la carga de sentir que tu existencia debe girar en torno a las expectativas de otros o que tu felicidad depende de cuánto des a los demás. No es así. Tienes que recordarlo.
Eres un ser único, que vino a este plano a aprender, a vivir, a sentir profundamente, y a caminar el sendero de sus propias decisiones. Con cada paso vas tejiendo el presente que construye tu futuro.
No sabemos cuánto tiempo estaremos aquí, en este cuerpo, en esta forma. Por eso, haz el esfuerzo de amarte, de valorarte, de dejar de compararte, y sobre todo, de soltar esa culpa que arrastras por no poder complacer a todos. Complace a quien más lo merece: a ti.
Con cariño y compasión,
Hasta luego, querida yo.